Por Eduardo Sastré de la Riva

esastrer@gmail.com

Viernes Santo 10 de abril 2020

Al término de la transmisión del Vía Crucis en una solitaria Plaza de San Pedro, el Papa Francisco permaneció solo mirando al Cristo crucificado el que anteriormente había salvado de la peste a Roma en el siglo antepasado.

La mirada del Papa hacia al Cristo y a la vaciedad de la enorme plaza petrina y de la iluminada y también solitaria Vía de la Concilliazione junto con la oscuridad de la noche romana nos transmitía los sentimientos de un pastor muy preocupado por la soledad de las almas y por el sufrimiento de tantos enfermos, agonizantes y moribundos sin la compañía de algún ser querido, no solo en la capital de Italia, sino a lo largo y ancho de un mundo paralizado por una pandemia que ha enlutado hogares, destruido economías, empresas y fuentes laborales que no será fácil volver a echar a andar.

En Papa Francisco en las misas tempraneras de la Capilla de Santa Martha y que se transmiten al mundo, en sus homilías diarias ha expresado su onda preocupación por los efectos de la crisis sanitaria en primer lugar y por las gravísimas consecuencias económicas en segundo lugar, pues ello tristemente augura graves penalidades para reconstruir empresas y trabajos, pero sobre todo un futuro viable para millones de jóvenes que apenas empezaban a instalarse en la vida.

En la audiencia general del miércoles santo por la mañana el Papa alude a la pregunta de muchos sufrientes; “¿Dónde está Dios cuando las cosas salen mal?” “¿Qué está haciendo Dios ante nuestro Dolor?”, nos dice; Jesús nos ha revelado un Dios que no es el concepto humano de fortaleza, de grandeza que como todo lo humano, se desvanece pronto; no Jesús nos revela a un Dios amoroso, sencillo y cercano que nunca nos deja solos, que siempre nos acompaña en la adversidad y en el dolor y los transforma en algo bueno o positivo para nuestra propia vida, por eso, nos dice el Papa, en la narrativa del Evangelio de la Pasión de Jesús, vemos que un Dios que es amor y es humilde ya que solo el amor custodia la vida que tenemos; y es así, cuando ahí mismo en ese momento es en la cruz y en el momento de la muerte de Jesús, es un centurión romano el que certifica : “Realmente ese hombre era hijo de Dios” pues vio su sufrimiento en silencio y el otorgamiento de su perdón a todos cuanto estaban ahí y eso solo el Amor que no pasa nunca, es capaz de hacerlo y ese es el verdadero rostro de Dios nos dice el Papa Francisco.

Por eso la narración de la Pasión es aleccionadora, porque nos explica como Dios y Jesús su hijo están siempre en todos los momentos de dolor y sufrimiento, provocados por el mal al que el hombre le abrió la puerta cuando decidió seguir su propio camino, sus propias ideas y dejó de lado el plan de Dios y en los tiempos modernos, cuando excluimos a Dios de las escuelas, de las oficinas y aún de las plazas públicas.

Por eso ante los cuestionamientos muchas veces estridentes de “¿Dónde está Dios?”,  “¿porqué “permite” este mal y este sufrimiento?” nos equivocamos rotundamente porque se nos olvida casualmente que hemos sacado a Dios de nuestras vidas y lo hemos relegado solo para eventos sociales de apariencia; se nos olvida que Él no permite ni provoca ningún mal o sufrimiento para sus hijos, sino que simplemente respeta su libertad y sus decisiones y cuando esta libertad y esa decisiones provocan sufrimiento y el mal exacerbado, cuando provocan muertes y enfermedades y la destrucción de muchos hogares, empresas y trabajos, el experto en dolores, incomprensión, soledad y traición, nos sostiene y busca sin afectar la libertad humana, como sacar bien del mal y en eso también es un gran experto, pues si miramos a detalle esta misma situación que hoy enfrentamos, hemos de reconocer que hay ya efectos positivos de este aislamiento, de esta grave situación, ya que advertimos, que muy seguramente saldremos a un mundo mas empobrecido materialmente, pero mucho más humano seguramente.

El Papa Francisco está triste por presenciar y palpar los estragos del mal provocador de esta pandemia y del desorden que todos sabemos que vivíamos en un mundo caracterizado más por el egoísmo (yo primero y después yo y lo que yo quiero y necesito) y por el endiosamiento del dinero y del poder político por encima de las personas, lo que el Papa Francisco ha llamado “la cultura del descarte” donde se prefieren los bienes materiales y del placer terreno, frente a las personas y sus necesidades de vida.

Hoy el Dios acompañante de cada uno de nosotros, nos ha hecho revalorar la vida en familia y en la casa, se han compuesto poesías al valor de un abrazo y de un choque de manos entre amigos y/o compañeros de trabajo; se han hecho canciones y se han compartido desde los balcones a las calles de las ciudades en estado de queda y se ha aprendido a brindar con los vecinos y a repartir lo que tenemos o aún lo que nuestra presencia virtual puede significar para los que están solos.

Sin duda el nuevo mundo que encontraremos al volver a salir a las calles y a las plazas será uno donde nos volveremos a ver y a abrazar como semejantes, como miembros de la raza humana, encontraremos atmosferas más transparentes, mares y lagos más limpios y mucha más solidaridad humana entre ricos y pobres y eso precisamente eso, será la obra de Dios, que ha sacado muchos más bien de todo este absurdo mal.

El Papa Francisco ora ante el Cristo de la Peste, porque nos demos cuenta de adonde nos ha conducido la ausencia que hemos provocado de Dios en nuestras vidas y en el que llamábamos “nuestro mundo” en aras a realizarnos y vivir toda clase de “experiencias” dizque para crecer cuando en realidad estábamos apostándole a dar un paso más hacia el abismo de la soledad, el desconcierto y el fracaso.

Oremos con el Papa Francisco, el gran Papa de la Misericordia para que este Domingo de Resurrección más personas comprendan la obra de Dios y la gran oportunidad que ahora tenemos para que esto no se vuelva a repetir y construyamos un mundo de realidades y no de apariencias, donde Dios sea el centro de la vida humana y nosotros los hombres tratemos de comprender y estudiar las profundidades del inmenso amor de Dios que llevó a su propio Hijo como prenda y medio de restaurar la cercanía y el diálogo (eso es la salvación) con sus hijos los seres humanos.  

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Gólgota

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SilvaLomeli

Quisiera poder consolarlo,esro no es la naturaleza es ka irrespobsabikidad ddl hombre. Pero lo wye Dios creo est tenidndo un respiro